sábado, 23 de agosto de 2008

Los Tres Modelos Explicativos del Conocimiento

Los Modelos del conocimiento, de acuerdo con el objetivo 1.1 del plan de estudios de Métodos de Investigación 1,[1] el Modelo Mecanicista, el Idealista Subjetivo y el Objetivo Activista, son el resultado de una síntesis teórica de diferentes escuelas filosóficas que han abordado el problema epistemológico –es decir de los orígenes del conocimiento- como una relación entre el ser humano (al que llamamos sujeto) y su entorno, medio ambiente o mundo (al que llamamos objeto).

La dificultad de este tema se puede ejemplificar a través de la comparación con un hecho de la vida cotidiana: si se nos pidiera que estudiáramos y examináramos cómo es que respiramos (o caminamos, o nos movemos) y qué importancia tiene esta actividad para nosotros, entonces comprenderíamos un poco el problema: es la dificultad de la cercanía, de la naturaleza misma del conocer.

Está en nuestra naturaleza respirar, caminar, movernos y por supuesto, conocer. El problema que se nos presenta entonces es examinar cómo conocemos, o de cuántas maneras podemos concebir este problema.

Al examinarnos como sujetos con la capacidad de conocer (o sujetos cognoscentes) y cómo nos relacionamos con los objetos que nos rodean (como la naturaleza, la sociedad, el mundo, el mueble frente a nosotros), estamos reflexionando sobre lo que llamamos el proceso de conocer. La pregunta importante es ¿cómo conocemos?, y se trata de una pregunta de índole filosófica y sicológica. La ciencia, por su parte, responderá a la cuestión de qué es lo que conocemos, y entre el cómo y el qué se complementan para darnos una explicación racional de lo que son las cosas.

Casi todas las escuelas filosóficas están de acuerdo en exponer el problema epistemológico como una relación entre sujeto y objeto. La escuela dialéctica, con Hegel pero principalmente con Marx, añade un tercer elemento a esa relación: la sociedad.

Cuando en este contexto se dice “sujeto” siempre nos referimos a un hombre o mujer cuya conciencia puede autoidentificarse o autorreconocerse. Y cuando decimos “objeto” nos estamos refiriendo a aquello que está fuera de nosotros, lo que no somos nosotros.[2]

A veces al hablar de “objeto” nos referimos a cierta parte de nosotros, sobre todo cuando examinamos nuestro cuerpo. Decimos “el objeto de examen es mi pie, o mi inteligencia”; esto es ejemplo de cuando el objeto de conocimiento forma parte del cuerpo o mente del propio sujeto.

Tal vez de entrada te resulte difícil manejar los términos objeto y sujeto,[3] pero una vez entendidos estos conceptos, las dificultades de comprensión se refieren básicamente a otras dos ideas conceptuales: el aparato perceptivo y las estructuras del pensamiento.

Hay que señalar que tales dificultades son superadas consultando sus significados en un buen diccionario, lo cual te recomendamos constantemente en estudio de este material y como uno de los pasos esenciales en la indagación de cualquier tema: el manejo correcto del lenguaje. Dichos conceptos son esenciales para la comprensión de la esencia explicativa de los dos primeros modelos del conocimiento. Veamos el caso del Modelo Mecanicista.

[1] Que señalan: “El estudiante ubicará el proceso de conocimiento como interacción sujeto-objeto-sociedad, mediante el análisis de la interrelación que se establece entre estos tres aspectos. De esta manera, adquirirá una primera noción de epistemología que le permitirá explicarse cómo se construye el conocimiento”; la versión de los objetivos compilados que se utilizan en el SEAD no difiere mayormente, siendo igual en su esencia temática.
[2] En el siglo XVII John Locke había propuesto que la idea, como acto del pensar (o del conocer) tiene dos orígenes: “Los objetos de la sensación son uno de los orígenes de las ideas. Las operaciones de nuestra mente, son el otro origen de las ideas”. Arthur Schopenhauer, a principios del siglo XIX afirmó lo siguiente: “Llamaremos pura representación a todos los objetos existentes, incluso nuestro propio cuerpo. El sujeto es aquel que todo lo conoce y de nadie es conocido”. (Cf. Locke, J., Ensayo sobre el entendimiento humano, Fondo de Cultura Económica, México, 1986, páginas 83-4, y Schopenhauer, A., El mundo como voluntad y representación, Editorial Porrúa, México, 1983, página 20, ).
[3] Es en este tipo de conceptos que se recomienda ampliamente el uso de un diccionario de filosofía, ya sea impresos o en línea. Para el último caso utilícese el buscador de google.