sábado, 23 de agosto de 2008

El Conocimiento No Científico, o Empìrico

De manera general, si se toma en consideración la manera en cómo se adquiere, de manera más precisa, el conocimiento puede ser; intuitivo (adquirido en la escuela de la vida) o descriptivo (adquirido en la escuela académica).

Si se toma en consideración su fundamentación y universalidad, lo ubicaremos en: conocimiento no científico, científico y filosófico.

El conocimiento llamado no científico, cotidiano y si se quiere vulgar (no en el sentido peyorativo de la palabra, sino en el sentido etimológico, que hace referencia a su origen popular –vulgo: pueblo) puede ser examinado desde diferentes ángulos

El conocimiento vulgar proviene del término latino “vulgus” (pueblo), es propio al común de los hombres; la generalidad de la población se encuentra en un estado aceptable de conocimiento, es decir, el sujeto que conoce algo acerca de un objeto, fenómeno o proceso sin investigar el por qué o la causa que lo produce como tal, tiene un conocimiento parcial, aislado, contingente y superficial de él. Tú y yo contamos con gran cantidad de conocimiento de este tipo, que utilizamos de manera completamente cotidiana.

Ejemplo: Cuando nos toca cocinar a nosotros mismos el desayuno, pronto descubrimos que no debemos verter agua en el sartén con aceite caliente, a riesgo de sufrir quemaduras en la mano (¿Quién no se ha quemado friendo huevos?); cuando necesitamos ir al centro de nuestra ciudad, tal vez la primera vez que vayamos nos perdamos, o realizaremos rodeos innecesarios, pero con la experiencia pronto daremos con una ruta más rápida y directa.

El conocimiento vulgar está formado por las noticias que se tienen de las cosas o la información que se recibe de personas mayores. Es un conocimiento elemental que se apoya en el sentido común y popular, difundido en la población a partir de un saber poco profundo de las cosas. Se trata de un conocimiento cuyo origen es incierto, puesto que se difunde a través de la interacción cotidiana que establece la gente, y está lleno de subjetividad por el correr del tiempo. A veces toma forma de rumor, a veces de opinión pública.

El conocimiento vulgar es el que pertenece a las actividades cotidianas. Por otra parte, el conocimiento empírico, como también se le conoce al conocimiento no cientifico, es llamado así por el termino “empiria” que significa experiencia; su aceptación radica, a diferencia del vulgar, en la experiencia propia del sujeto, y no tanto en el sentido común y popular.

Ejemplo: el artesano, tejedor de palma, sabe que en su ambiente húmedo la palma será manipulable en mayor grado y debido a ello la experiencia lo ha llevado a tejer durante ciertas horas del día (preferentemente por la noche) y en ciertas condiciones propicias para ello (cuevas húmedas), independientemente de que esto puede causarle problemas de salud (como reumatismo y ceguera nocturna).

Aquí la observación no es simplista, en este caso importa la producción y el ahorro de materia prima (palma).

Así decimos que a través de la experiencia el hombre acumula los datos obtenidos por los sentidos: textura, color, tamaño, ubicación de los objetos, temperatura, sonidos, etc., siendo el fundamento de este conocimiento la percepción de los datos sensibles y una dependencia total en la fidelidad sensorial, quedando el conocimiento en este limitado ámbito.

El conocimiento empírico lo poseemos todas las personas como resultado de la propia experiencia sin ir más allá, es decir, sin proponer algún conocimiento de otro tipo (científico). Se trata de un saber basado en la práctica. Sólo lo singular tiene sentido, es decir, el efecto de la práctica individual y la opinión al respecto pueden ser verdaderos o falsos, pero finalmente se refieren a un campo limitado de los sentidos.

El ser humano en general se ve como sumergido en el mundo o realidad y lo acepta tal y como aparece: “El cielo es azul”. “El Sol es un disco que gira alrededor de la Tierra”. “La Tierra es el centro del Universo”. Damos por hechos ciertos fenómenos, sin percatarnos de lo extraordinarios que son en sí mismos y sin indagar el porqué de ello.

Por ejemplo, el respirar lo damos por hecho, pero cuando enfermamos de los bronquios o, en el peor de los casos, de una pulmonía, anhelamos la normalidad de nuestra respiración sin preocuparnos de las causas que produjeron la enfermedad. Claro que el caso de un médico ante esa enfermedad es completamente diferente: él tratará de examinarla como hombre de ciencia, y más específicamente desde la medicina, buscando las causas que la provocan.

Mediante nuestros sentidos percibimos el mundo que nos rodea, aprehendemos datos mediante observaciones prácticas, y razonamos sobre éstas. Pero de alguna manera, los aspectos que se consideran a partir del conocimiento cotidiano, son una realidad estática o tan sólo datos parciales y peculiares.

El conocimiento empírico lo tenemos las personas como resultado de la propia experiencia, y es intranscendente en el sentido de que no va más allá del hecho o fenómeno particular.

Este conocimiento empírico, construido por el hombre en su diario acontecer a través de su experiencia y de su relación inmediata con objetos, puede naturalmente ser el comienzo del conocimiento científico: si esta apreciación cotidiana de la realidad es examinada mediante la investigación metódica, se obtienen conocimientos científicos con explicaciones más precisas.

Es necesario señalar que la teoría científica y su actividad experimental se encuentran vinculadas a los conocimientos empíricos; esta relación puede ser directa, cuando de la teoría se deducen consecuencias verificables; o indirectas cuando la relación de los hechos empíricos se lleva a cabo a través de otros planteamientos teóricos con los cuales se encuentra relacionada.

El conocimiento no científico normalmente no va más allá del fenómeno particular y a menudo está contaminado con cuestiones subjetivas, como creencias o mitos.