sábado, 23 de agosto de 2008

Las Condiciones Histórico-Sociales en la Construcción del Conocimiento


En cada una de las sociedades en que se desenvuelve el ser humano, es posible encontrar una serie de elementos condicionales que intervienen en la formación de un tipo de conocimiento que depende de las condiciones propias de las sociedades de las que se trate.

Cada ser humano, cada sujeto cognoscente, nace, crece, se desarrolla en las condiciones propias de una sociedad particular. Incluso en cada sociedad hay múltiples subdivisiones, dependiendo del tamaño de cada una de ellas.

Los elementos que identifican a una sociedad son su lengua, su sistema de creencias, sus modos de producción, su historia y su cultura, todo con gran cantidad de matices, variaciones y modificaciones que se realizan en cada subdivisión de esa sociedad, dependiendo de su localización geográfica. Los elementos que identifican a los seres humanos, desde el punto de vista de su aptitud para conocer, son su capacidad de racionalización, (de conceptualización, de memorización y de verbalización o lenguaje).

Veamos primero el concepto de la condición social humana, para de inmediato ver la condición individual humana.

La condición social del ser humano

La condición social del ser humano se caracteriza por ser una condición racional, por una parte, y por otra parte por el hecho de que pertenece a un particular grupo de ser vivo “no especializado” del reino animal, hecho que coloca al ser humano en posibilidades de desarrollarse en sociedad de múltiples formas.

El hecho de que se considere al ser humano como un ser “no especializado” no necesariamente es así, pues se puede proponer la idea de que el hombre sí tiene una especialización: la de conocer a través de su capacidad intelectual, precisamente su capacidad racional, gracias al desarrollo de sus habilidades, como el desarrollo de un lenguaje y de un método para registrar el conocimiento a través de la escritura.

Incluso la especialización biológica del ser humano puede consistir en su capacidad para caminar erguido y en sostener objetos en sus especializadas manos con pulgar oponible. Así que no se puede decir que no cuenta con una especialización biológica ni mucho menos intelectual.

Es cierto que el ser humano no posee características especiales tanto para alimentarse como para defenderse del ataque de otros animales, como garras, colmillos o sentidos súper desarrollados, pero su adaptabilidad al entorno (a través del uso de herramientas) y su capacidad de alimentarse de diferentes fuentes hacen de él un ser verdaderamente versátil. Claro que requiere de extremos cuidados cuando es bebé, e incluso cuando madura y crece, pero la vulnerabilidad de su falta de elementos naturales para defenderse la supera perfectamente con su hábito de vivir en sociedad.

En el libro La historia más bella del hombre, uno de sus autores afirma que “En realidad, la especie humana está compuesta de casos particulares. Todo el mundo es diferente a todo el mundo. Desde nuestros primeros antepasados, ochenta mil millones de seres humanos se han sucedido en la Tierra. Y, sin embargo, nunca ha habido nadie como usted ni como yo en toda la historia del hombre. O sea que todos somos diferentes. Y todos somos parientes...”[1]
Los hombres, al formar una sociedad, aportan sus características propias como sujetos, con las cuales todos de alguna manera nos identificamos: estilos de vida, ideales, creencias, conocimiento.
El ser humano, desde que se separó –presumiblemente debido al resultado de la evolución- de sus parientes más próximos, los primates, ha atravesado por un proceso de desarrollo en el que está involucrado tanto su entorno social como su capacidad intelectual. Su especialización, como ser biológico podríamos decir, lo mismo que algunas comunidades de insectos, es la de convivir en sociedad.

Pero la sociedad es susceptible de cambios en su estructura y en su constitución, cambios impulsados a través del ejercicio intelectual de sus miembros, y que pueden transformar la manera de vivir y de concebir el mundo.

Estos cambios dentro de las sociedades humanas –desde el pequeño grupo tribal hasta esos enormes conglomerados de grupos humanos que suponen las sociedades en las grandes ciudades- se han dado efectivamente a lo largo del tiempo. Y eso cambios, registrados gracias a la invención de la escritura, son lo que constituye la historia de la humanidad.

Ahora bien, la historia de la humanidad, por el hecho de haber sido escrita por hombres y mujeres con diferentes maneras de ver el mundo en diferentes momentos es, naturalmente, susceptible de muchas interpretaciones. Existen diferentes maneras de explicar la historia de la humanidad, dependiendo del tipo de fenómenos sociales a los que se les dé prioridad en la explicación.

Hay historias del pensamiento (filosóficas), historias de las maneras de gobernar (políticas), de las creencias (religiosas y/o míticas), de las expresiones del espíritu (artísticas), etc.

Una de las principales historias que se han escrito sobre la humanidad es la de la historia desde el punto de vista de la actividad económica. Y uno de los principales teóricos sobre las condiciones económicas fue Carlos Marx. A sus propuestas teóricas se les conoce como materialismo histórico.

La concepción materialista de la historia que tenía Marx consistía en la formulación de una serie de teorías para explicar los cambios, desarrollos y modificaciones que se llevan a cabo en las etapas históricas de las diferentes sociedades, a partir de factores prácticos, tecnológicos o materiales, específicamente de lo que Marx llamó modos de producción y de las formas de trabajo.

Dichos modos de producción se refieren a las relaciones entre la producción de bienes y las riquezas que se establecen en las diferentes sociedades con quienes detentan la propiedad de esos bienes. Así, en las primeras comunidades, formadas primero por cazadores y luego por recolectores de plantas, había una relación de trabajo perfectamente diferenciada (la división del trabajo) pero en la que todos resultaban beneficiados y no se generaba riqueza para unos y pobreza para otros.

Con el advenimiento de la sociedad esclavista, el predominio de los fuertes, de los conquistadores, pone al servicio de los vencedores el producto del trabajo de los sometidos a esclavitud, quienes tienen que trabajar para los otros en actividades más variadas: caza, cultivo, manufactura de bienes de consumo (zapatos, ropa, utensiliso, etc.).

Cada modo de producción que planteó Marx (esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo, comunismo) explica la manera en que se rigen los medios de producción, los grandes beneficiarios y los cuantiosos sometidos que sólo poseen como capital la fuerza de su trabajo. Y a veces ni eso, debido a que carecen de formación académica y profesional, debido a las carencias en las que ha vivido.[2]

La condición individual humana

En la vida concreta del ser humano existen al menos dos tipos de condicionamientos que lo predisponen hacia el conocimiento. El primer condicionamiento se refiere a las capacidades físicas e intelectuales que tiene cada sujeto. Normalmente estas capacidades son homogéneas en casi todos los hombres, esto es, cada ser humano cuenta con una inteligencia que podemos llamar “normal”, la cual desarrolla en su vida cotidiana.

Por otro lado, se encuentran las condiciones que tienen que ver con el tipo de comunidad en el que se desenvuelve y vive el sujeto y el tiempo en el que le ha tocado estar en el mundo. Digamos que son las condiciones históricas y sociales que cada uno vive de manera particular.

Examina por ejemplo tu caso particular y pregúntate por el tipo de familia a la que perteneces, la manera particular que tienes de hablar (si vas al norte o al sur del país de inmediato te identifican como foráneo, y no se diga si viajas al extranjero). Analiza el tipo de educación y el nivel de ingresos con los que cuenta tu familia.

De una manera más abierta, piensa en las nociones sobre política y religión que tiene tu círculo familiar más cercano y las que se perciben en la población, por lo que se dice en los medios de comunicación. Cada una de esas respuestas te dará una idea de lo que son las condiciones sociales e históricas que identifican no sólo a una persona sino a un conjunto de ellas, que es lo que llamamos sociedad.

Las concepciones de la sociedad acerca de la vida vigentes son nuestro marco de interpretación de la realidad. En efecto, las preguntas antes señaladas nos dirán cuáles son nuestras concepciones sobre qué tipo de gobierno tenemos, en qué creemos, qué es la ciencia, cómo debemos vivir y convivir con los demás (normas de conducta).

Esta manera de ver el mundo, de pensarlo y de vivirlo, lo estudió con gran detalle el filósofo Carlos Marx[3], aunque él consideró de mayor relevancia las condiciones económicas que rigen la sociedad (evidentemente porque la economía es un condicionante muy importante de la sociedad).

Lo que Marx propone es generar una explicación rigurosa y precisa de la noción que se tiene generalmente de lo que es el mundo o la realidad. Es decir que podemos construir un marco de interpretación riguroso para entender el marco de interpretación común que utilizamos en nuestras vidas casi sin darnos cuenta. Porque todos tenemos una noción, por vaga que sea, de lo que es el mundo o la realidad (podemos creer que el mundo es algo misterioso, o que mi mundo es sólo lo que conozco y las personas que conozco, o podemos tener una visión más amplia. Todo depende de qué nivel de conocimientos tenemos).

[1] Langaney, André, Clottes, Jean; Guilaine, Jean; Simonnet, Dominique. La historia más bella del hombre. Como la Tierra se hizo humana. Barcelona, Anagrama, 1996, página 19.
[2] Para mayor información sobre este tema, consulta http://es.wikipedia.org/wiki/Modo_de_producción
[3] Lee la biografía de este importante filósofo en http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=368 y examina también uno de sus propuestas fundamentales: el materialismo histórico, que es un marco de interpretación de la realidad, en http://es.wikipedia.org/wiki/Materialismo_histórico