sábado, 23 de agosto de 2008

Los Tipos de Justificación de las Creencias


De acuerdo con lo visto anteriormente, nos damos cuenta de que hay al menos tres formas en que se justifican las creencias:

1 Por voluntad o motivos (personales). Cada sujeto justifica sus creencias por su propia voluntad, por la capacidad del sujeto de querer o desear.

Esta creencia se justifica por la voluntad individual, la cual está constituida por los propósitos que tiene el sujeto, de modo consciente, para satisfacer sus necesidades o estados de bienestar.

Todo motivo está dirigido hacia un fin u objetivo y por tanto implica “motivos prácticos” por los cuales el sujeto realiza una acción específica.

Justificar las creencias por motivos puede implicar que el sujeto no está convencido, y sin embargo; acepta la creencia y la disposición para la acción, porque así lo desea, su voluntad decide qué querer.

Cuando decimos, por ejemplo, que alguien tiene el deseo o la voluntad de ser mejor persona, y de que ser mejor persona significa ayudar a los necesitados, el motivo que lo impulsará a la acción será la creencia de que ayudar a los necesitados lo hace mejor persona.


2 Por razones. A veces se considerará necesaria una justificación más completa de las creencias, y entonces se debe recurrir a la razón, es decir, a la reflexión coherente para dar fundamentos que convenzan al sujeto de que sus creencias son correctas y por ello las considere verdaderas.

El proceso de justificación de una creencia a partir del razonamiento consiste en buscar una estructura lógica, lo que le permite al sujeto sostener las creencias como verdaderas para que le guíen en su relación con el mundo y con disposición para la acción en relación con los hechos concretos. Para realizar la justificación de una creencia por la razón, el sujeto tiene que considerar los siguientes aspectos:

Asumir una actitud de deliberación que permita considerar que sus creencias son concluyentes. Deliberar para fundamentar la creencia.
La deliberación debe implicar coherencia entre la creencia a justificar y la del resto de creencias que tiene el sujeto.
Veamos un ejemplo de lo anterior tal y como lo expone Luis Villoro en su libro antes citado:

1. S quiere (desea) que la creencia C esté justificada
2. S cree que determinado proceso de deliberación D conduce a la justificación de C
3. S procura que se dé D
4. D conduce a una justificación de C suficiente para S
5. S cree C

Supongamos, por ejemplo, que S es Susana, quien desea que la creencia de ser mejor persona (C) esté justificada, por lo que Susana cree que el proceso de deliberación sobre cómo ser mejor persona da como resultado la propuesta de auxilio a personas necesitadas (D), auxilio que justifica creer que uno es mejor persona (C). Entonces Susana procura que efectivamente se produzca el auxilio a los necesitados (D), pues esto conduce a la justificación de su creencia de ser mejor persona (C), por lo que Susana cree en efecto ser mejor persona (que sí misma, no en comparación con alguien en particular).

El sujeto considera los límites del proceso de justificación y al efecto parte de dos alternativas: a) cuando sus creencias son posiblemente verdaderas y b) cuando son verdaderas. Cuando su creencia es posiblemente verdadera o bien, verdadera.

Imaginemos otro ejemplo, para lo cual expondremos el caso del famoso médico griego Hipócrates ante un hipotético intento de justificar una creencia por voluntad o motivos personales:

“La epilepsia no es una enfermedad sagrada”.

Hipócrates cree que el siguiente proceso deliberativo (conjunto de razones relacionadas lógicamente) justifica que “La epilepsia no es una enfermedad sagrada”, y viene el proceso deliberativo:

1. La epilepsia tiene una causa natural
2. Los brujos y los purificadores creen poseer piedad y conocimientos superiores y atribuyen a los dioses la enfermedad.
3. Usan la divinidad como pretexto y pantalla para su propia incapacidad.

Hipócrates procuró que se diera el proceso anterior y obtuvo la conclusión: “La epilepsia no es una enfermedad sagrada”.

La deliberación justifica la creencia suficientemente para Hipócrates. Entonces... Hipócrates cree que la epilepsia no es una enfermedad sagrada”.
3 Por legitimación social.

Hasta ahora señalamos dos procesos para justificar una creencia, por la voluntad y por razones; éstas corresponden de modo específico al propio sujeto, pero no se excluye que existan procesos de justificación exteriores al sujeto, en donde las creencias se justifican por un contexto social o sistemas de poder como aquéllos que se originan en el dogmatismo, sistemas religiosos o sistemas económico-políticos.

El sujeto, en tanto ser social, y por las creencias dadas dentro de una estructura de poder, realiza sus acciones supeditadas al interés propuesto por el sistema de creencias, en el que el principio de autoridad y el poder son incuestionables y son los únicos que legitiman y justifican las creencias en un sistema social.

Por lo tanto, las creencias se pueden dar y justificar de tres modos:

- Por la voluntad o motivos (personales).
- Por la razón.
- Por la legitimación de un orden social o poder dominante.