sábado, 23 de agosto de 2008

La Teoría Piagetiana

La teoría sicogenética de Jean Piaget

Jean Piaget, quien era suizo de nacimiento (1896), trabajó durante muchos años en Francia, donde logró gran fama como científico. Doctor en Filosofía y Psicología, ocupó la cátedra sobre tales especialidades en las Universidades de Neuchatel, Ginebra, Lausana y la Sorbona. Una de sus especialidades de estudio fue el conocimiento desde el punto de vista del desarrollo sicológico, o sicogénesis.
En 1955 Piaget creó el Centro Internacional de Epistemología Genética que dirigió hasta su muerte. Sus trabajos de Psicología genética y de Epistemología buscaban una respuesta a la pregunta fundamental de la construcción del conocimiento.

Cuando murió en 1980 era el más célebre y destacado psicólogo de niños del mundo. Durante muchos años fue director del Instituto Jean-Jaques Rousseau de Ginebra, cargo en el cual había sido designado en 1929. Aunque su influencia en el continente europeo fue muy grande, en el círculo sicológico anglosajón su repercusión sólo se hizo visible hasta fines de la década de 1950, debido en parte a su insistencia en explorar el mundo interior infantil, lo cual chocaba con el conductismo de aquella época.

Piaget afirmaba que el pensamiento de los niños es de características muy diferentes a la de los adultos. Con el proceso de maduración se produce una serie de cambios sustanciales en las modalidades de pensar, que Piaget llamaba metamorfosis, es decir una transformación de las modalidades del pensamiento de los niños para convertirse en las propias de los adultos.[1]

Piaget explica por una parte la manera en que, de acuerdo con él, se produce el desarrollo cognitivo (de las capacidades de conocer) en la mente de los seres humanos, desde que nacen hasta que se convierten en adultos y por la otra el proceso de adquisición de nuevos tipos de conocimiento que se añaden a un anterior cuerpo de conocimientos. Examinemos estos conceptos.

Las etapas del desarrollo cognitivo según Piaget son:

A: Nivel Senso Motor

1) La etapa senso-motora (0-2 años) está caracterizada porque en ella los niños muestran una vivaz e intensa curiosidad por el mundo que les rodea, su conducta está dominada por las respuestas a los estímulos; aprenden a moverse y a alcanzar las cosas utilizando su cuerpo. Todo lo quieren probar y tocar. Para Piaget la inteligencia existe antes del lenguaje, por lo que esta etapa puede llamarse también de “inteligencia sensomotora”.

2) La etapa preoperacional (2-7 años) es aquella en la que el pensamiento del niño es mágico y egocéntrico, cree que la magia puede producir acontecimientos y los cuentos de hadas le resultan atrayentes, además se cree el centro de todos los sucesos, que todas las cosas giran en torno a él, resultándole muy difícil ver las cosas desde otro punto de vista; desarrolla su capacidad de lenguaje y aprende a leer.


B: Nivel Lógico Matemático

3) La etapa de las operaciones concretas (7-11 años) se caracteriza porque en ella el pensamiento del niño es literal y concreto, puede comprender que 8+11=19, pero la formulación abstracta, como la de una ecuación algebraica, sobrepasa su captación. En este nivel el niño ya distingue entre él y el mundo exterior y es conciente de que su existencia es una entre las demás.

4) La etapa de las operaciones formales en el nivel adulto, señala que el sujeto es capaz de realizar altas abstracciones y efectuar reflexiones (11-15 años), aquí el niño realiza inferencias o deducciones, es la etapa correspondiente a las facultades superiores de los seres humanos como la socialización. La vida social transforma la inteligencia por la acción del lenguaje, del contenido de los cambios (valores intelectuales) y de las reglas que impone al pensamiento (normas colectivas).

[1] Información tomada de http://www.temas-estudio.com/PIAGET_JEAN_1896_1980.asp, para una revisión más extensa de las teorías de Piaget, véase http://www.monografias.com/trabajos16/teorias-piaget/teorias-piaget.shtml




El proceso de equilibrio-desequilibrio

El aprendizaje de nuevos conocimientos, impulsado por los tres tipos de necesidades que contempla Piaget –las necesidades fisiológicas, las emotivas y las intelectuales- y que generan un desequilibrio en el sistema cognitivo, es decir en nuestro conjunto de conocimientos ya establecidos, sólo es posible mediante un proceso de asimilación, de ajuste y de adaptación, luego de los cuales se produce nuevamente el equilibrio.

El hecho de que el proceso de equilibración del conocimiento esté fundamentado en conceptos como asimilación, adaptación y acomodación, nos hace ver que la explicación de Piaget se inspira, en parte al menos, en la teoría evolucionista de Darwin, en la que las especies de animales que sobreviven son aquellas que se adaptan y se acomodan a sus nuevos entornos vitales.

Piaget explica que nuestro conocimiento sólo se lleva a cabo si existe una estructura que lo sustente a través de los esquemas de representación de los objetos conocidos, dando por descontado el desarrollo normal sicogenético del sujeto. Veamos las definiciones de estos conceptos.

Estructura: está formada por el conjunto de respuestas que tienen lugar luego de que el sujeto de conocimiento ha adquirido ciertos elementos del exterior. Así pues, el punto central de lo que podríamos llamar la teoría de la fabricación de la inteligencia es que ésta se "construye" en la cabeza del sujeto, mediante una actividad de las estructuras que se alimentan de los esquemas de acción, o sea, de regulaciones y coordinaciones de las actividades del niño. La estructura no es más que una integración equilibrada de esquemas

Esquema: el esquema es aquello que poseen en común las acciones, por ejemplo "empujar" a un objeto con una barra o con cualquier otro instrumento. Un esquema es una actividad operacional que se repite (al principio de manera refleja) y se universaliza de tal modo que otros estímulos previos no significativos se vuelven capaces de suscitarla. Un esquema es una imagen simplificada (por ejemplo, el mapa de una ciudad).

Adaptación: La adaptación está siempre presente a través de dos elementos básicos: la asimilación y la acomodación. El proceso de adaptación busca en algún momento la estabilidad y, en otros, el cambio. En sí, la adaptación es un atributo de la inteligencia, que es adquirida por la asimilación mediante la cual se adquiere nueva información y también por la acomodación mediante la cual se ajustan a esa nueva información.

La función de adaptación le permite al sujeto aproximarse y lograr un ajuste dinámico con el medio. La adaptación y organización son funciones fundamentales que intervienen y son constantes en el proceso de desarrollo cognitivo, ambos son elementos indisociables.


Asimilación: La asimilación se refiere al modo en que un organismo se enfrenta a un estímulo del entorno en términos de organización actual. "La asimilación mental consiste en la incorporación de los objetos dentro de los esquemas de comportamiento, esquemas que no son otra cosa sino el armazón de acciones que el hombre puede reproducir activamente en la realidad" (Piaget, 1.948).

De manera global se puede decir que la asimilación es el hecho de que el organismo adopte las sustancias tomadas del medio ambiente a sus propias estructuras. Incorporación de los datos de la experiencia en las estructuras innatas del sujeto.

Acomodación: La acomodación implica una modificación de la organización actual en respuesta a las demandas del medio. Es el proceso mediante el cual el sujeto se ajusta a las condiciones externas. La acomodación no sólo aparece como necesidad de someterse al medio, sino se hace necesaria también para poder coordinar los diversos esquemas de asimilación.

Equilibrio: Es la unidad de organización en el sujeto cognoscente. Son los denominados "ladrillos" de toda la construcción del sistema intelectual o cognitivo, regulan las interacciones del sujeto con la realidad, ya que a su vez sirven como marcos asimiladores mediante los cuales la nueva información es incorporada en la persona.

El desarrollo cognoscitivo comienza cuando el niño va realizando un equilibrio interno entre la acomodación y el medio que lo rodea y la asimilación de esta misma realidad a sus estructuras. Es decir, el niño al irse relacionando con su medio ambiente, irá incorporando las experiencias a su propia actividad y las reajusta con las experiencias obtenidas; para que este proceso se lleve a cabo debe de presentarse el mecanismo del equilibrio, el cual es el balance que surge entre el medio externo y las estructuras internas de pensamiento.

Proceso de Equilibración: Aunque asimilación y acomodación son funciones invariantes en el sentido de estar presentes a lo largo de todo el proceso evolutivo, la relación entre ellas es cambiante de modo que la evolución intelectual es la evolución de esta relación asimilación / acomodación.

Para Piaget el proceso de equilibración entre asimilación y acomodación se establece en tres niveles sucesivamente más complejos.

Las Condiciones Histórico-Sociales en la Construcción del Conocimiento


En cada una de las sociedades en que se desenvuelve el ser humano, es posible encontrar una serie de elementos condicionales que intervienen en la formación de un tipo de conocimiento que depende de las condiciones propias de las sociedades de las que se trate.

Cada ser humano, cada sujeto cognoscente, nace, crece, se desarrolla en las condiciones propias de una sociedad particular. Incluso en cada sociedad hay múltiples subdivisiones, dependiendo del tamaño de cada una de ellas.

Los elementos que identifican a una sociedad son su lengua, su sistema de creencias, sus modos de producción, su historia y su cultura, todo con gran cantidad de matices, variaciones y modificaciones que se realizan en cada subdivisión de esa sociedad, dependiendo de su localización geográfica. Los elementos que identifican a los seres humanos, desde el punto de vista de su aptitud para conocer, son su capacidad de racionalización, (de conceptualización, de memorización y de verbalización o lenguaje).

Veamos primero el concepto de la condición social humana, para de inmediato ver la condición individual humana.

La condición social del ser humano

La condición social del ser humano se caracteriza por ser una condición racional, por una parte, y por otra parte por el hecho de que pertenece a un particular grupo de ser vivo “no especializado” del reino animal, hecho que coloca al ser humano en posibilidades de desarrollarse en sociedad de múltiples formas.

El hecho de que se considere al ser humano como un ser “no especializado” no necesariamente es así, pues se puede proponer la idea de que el hombre sí tiene una especialización: la de conocer a través de su capacidad intelectual, precisamente su capacidad racional, gracias al desarrollo de sus habilidades, como el desarrollo de un lenguaje y de un método para registrar el conocimiento a través de la escritura.

Incluso la especialización biológica del ser humano puede consistir en su capacidad para caminar erguido y en sostener objetos en sus especializadas manos con pulgar oponible. Así que no se puede decir que no cuenta con una especialización biológica ni mucho menos intelectual.

Es cierto que el ser humano no posee características especiales tanto para alimentarse como para defenderse del ataque de otros animales, como garras, colmillos o sentidos súper desarrollados, pero su adaptabilidad al entorno (a través del uso de herramientas) y su capacidad de alimentarse de diferentes fuentes hacen de él un ser verdaderamente versátil. Claro que requiere de extremos cuidados cuando es bebé, e incluso cuando madura y crece, pero la vulnerabilidad de su falta de elementos naturales para defenderse la supera perfectamente con su hábito de vivir en sociedad.

En el libro La historia más bella del hombre, uno de sus autores afirma que “En realidad, la especie humana está compuesta de casos particulares. Todo el mundo es diferente a todo el mundo. Desde nuestros primeros antepasados, ochenta mil millones de seres humanos se han sucedido en la Tierra. Y, sin embargo, nunca ha habido nadie como usted ni como yo en toda la historia del hombre. O sea que todos somos diferentes. Y todos somos parientes...”[1]
Los hombres, al formar una sociedad, aportan sus características propias como sujetos, con las cuales todos de alguna manera nos identificamos: estilos de vida, ideales, creencias, conocimiento.
El ser humano, desde que se separó –presumiblemente debido al resultado de la evolución- de sus parientes más próximos, los primates, ha atravesado por un proceso de desarrollo en el que está involucrado tanto su entorno social como su capacidad intelectual. Su especialización, como ser biológico podríamos decir, lo mismo que algunas comunidades de insectos, es la de convivir en sociedad.

Pero la sociedad es susceptible de cambios en su estructura y en su constitución, cambios impulsados a través del ejercicio intelectual de sus miembros, y que pueden transformar la manera de vivir y de concebir el mundo.

Estos cambios dentro de las sociedades humanas –desde el pequeño grupo tribal hasta esos enormes conglomerados de grupos humanos que suponen las sociedades en las grandes ciudades- se han dado efectivamente a lo largo del tiempo. Y eso cambios, registrados gracias a la invención de la escritura, son lo que constituye la historia de la humanidad.

Ahora bien, la historia de la humanidad, por el hecho de haber sido escrita por hombres y mujeres con diferentes maneras de ver el mundo en diferentes momentos es, naturalmente, susceptible de muchas interpretaciones. Existen diferentes maneras de explicar la historia de la humanidad, dependiendo del tipo de fenómenos sociales a los que se les dé prioridad en la explicación.

Hay historias del pensamiento (filosóficas), historias de las maneras de gobernar (políticas), de las creencias (religiosas y/o míticas), de las expresiones del espíritu (artísticas), etc.

Una de las principales historias que se han escrito sobre la humanidad es la de la historia desde el punto de vista de la actividad económica. Y uno de los principales teóricos sobre las condiciones económicas fue Carlos Marx. A sus propuestas teóricas se les conoce como materialismo histórico.

La concepción materialista de la historia que tenía Marx consistía en la formulación de una serie de teorías para explicar los cambios, desarrollos y modificaciones que se llevan a cabo en las etapas históricas de las diferentes sociedades, a partir de factores prácticos, tecnológicos o materiales, específicamente de lo que Marx llamó modos de producción y de las formas de trabajo.

Dichos modos de producción se refieren a las relaciones entre la producción de bienes y las riquezas que se establecen en las diferentes sociedades con quienes detentan la propiedad de esos bienes. Así, en las primeras comunidades, formadas primero por cazadores y luego por recolectores de plantas, había una relación de trabajo perfectamente diferenciada (la división del trabajo) pero en la que todos resultaban beneficiados y no se generaba riqueza para unos y pobreza para otros.

Con el advenimiento de la sociedad esclavista, el predominio de los fuertes, de los conquistadores, pone al servicio de los vencedores el producto del trabajo de los sometidos a esclavitud, quienes tienen que trabajar para los otros en actividades más variadas: caza, cultivo, manufactura de bienes de consumo (zapatos, ropa, utensiliso, etc.).

Cada modo de producción que planteó Marx (esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo, comunismo) explica la manera en que se rigen los medios de producción, los grandes beneficiarios y los cuantiosos sometidos que sólo poseen como capital la fuerza de su trabajo. Y a veces ni eso, debido a que carecen de formación académica y profesional, debido a las carencias en las que ha vivido.[2]

La condición individual humana

En la vida concreta del ser humano existen al menos dos tipos de condicionamientos que lo predisponen hacia el conocimiento. El primer condicionamiento se refiere a las capacidades físicas e intelectuales que tiene cada sujeto. Normalmente estas capacidades son homogéneas en casi todos los hombres, esto es, cada ser humano cuenta con una inteligencia que podemos llamar “normal”, la cual desarrolla en su vida cotidiana.

Por otro lado, se encuentran las condiciones que tienen que ver con el tipo de comunidad en el que se desenvuelve y vive el sujeto y el tiempo en el que le ha tocado estar en el mundo. Digamos que son las condiciones históricas y sociales que cada uno vive de manera particular.

Examina por ejemplo tu caso particular y pregúntate por el tipo de familia a la que perteneces, la manera particular que tienes de hablar (si vas al norte o al sur del país de inmediato te identifican como foráneo, y no se diga si viajas al extranjero). Analiza el tipo de educación y el nivel de ingresos con los que cuenta tu familia.

De una manera más abierta, piensa en las nociones sobre política y religión que tiene tu círculo familiar más cercano y las que se perciben en la población, por lo que se dice en los medios de comunicación. Cada una de esas respuestas te dará una idea de lo que son las condiciones sociales e históricas que identifican no sólo a una persona sino a un conjunto de ellas, que es lo que llamamos sociedad.

Las concepciones de la sociedad acerca de la vida vigentes son nuestro marco de interpretación de la realidad. En efecto, las preguntas antes señaladas nos dirán cuáles son nuestras concepciones sobre qué tipo de gobierno tenemos, en qué creemos, qué es la ciencia, cómo debemos vivir y convivir con los demás (normas de conducta).

Esta manera de ver el mundo, de pensarlo y de vivirlo, lo estudió con gran detalle el filósofo Carlos Marx[3], aunque él consideró de mayor relevancia las condiciones económicas que rigen la sociedad (evidentemente porque la economía es un condicionante muy importante de la sociedad).

Lo que Marx propone es generar una explicación rigurosa y precisa de la noción que se tiene generalmente de lo que es el mundo o la realidad. Es decir que podemos construir un marco de interpretación riguroso para entender el marco de interpretación común que utilizamos en nuestras vidas casi sin darnos cuenta. Porque todos tenemos una noción, por vaga que sea, de lo que es el mundo o la realidad (podemos creer que el mundo es algo misterioso, o que mi mundo es sólo lo que conozco y las personas que conozco, o podemos tener una visión más amplia. Todo depende de qué nivel de conocimientos tenemos).

[1] Langaney, André, Clottes, Jean; Guilaine, Jean; Simonnet, Dominique. La historia más bella del hombre. Como la Tierra se hizo humana. Barcelona, Anagrama, 1996, página 19.
[2] Para mayor información sobre este tema, consulta http://es.wikipedia.org/wiki/Modo_de_producción
[3] Lee la biografía de este importante filósofo en http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=368 y examina también uno de sus propuestas fundamentales: el materialismo histórico, que es un marco de interpretación de la realidad, en http://es.wikipedia.org/wiki/Materialismo_histórico

El Marco de Interpretación

A la noción que tenemos del mundo, a la manera en que concebimos cómo están relacionados los fenómenos cotidianos que todos vivimos o experimentamos, noción que depende de nuestra educación y nuestra formación social, a esa noción le llamamos marco de interpretación

Podemos decir entonces que las concepciones con las que contamos, en el momento presente de nuestras vidas, son nuestro marco de interpretación de la realidad. Esto quiere decir que por una parte nuestra relación con el mundo, a través del conocimiento, es posible gracias a instrumentos cognoscitivos tales como ideas, conceptos y teorías que constituyen nuestro cuerpo de conocimiento disponible.

Estos conocimientos –en lo que toca a la ciencia- han sido aceptados por el conjunto de la comunidad científica y forman parte del acervo cultural, válido en una época determinada histórica y socialmente.

De tal manera que al relacionarnos con el objeto, estamos interpretando a partir del aparato conceptual que por consenso, es aceptado como el único válido en nuestro momento histórico-social. Interpretamos los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad a partir de las concepciones vigentes y en relación con éstas, adquieren significado los objetos y los hechos. Dichas concepciones forman lo que podemos llamar Aparato Conceptual (del mismo modo que cuando hablamos de la percepción y de los cinco sentidos hablábamos del Aparato Perceptivo)

Por otra parte, las concepciones o aparato conceptual –las ideas, conceptos y teorías sobre los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad- no permanecen inalterables ni ajenas a las transformaciones histórico-sociales, generalmente se modifican o cambian, dando lugar a nuevas concepciones que conservan, niegan y/o superan a las anteriores concepciones, en razón de que las nuevas concepciones explican mejor aquellos fenómenos a los que se esté estudiando o interpretando.

Ahora bien, ¿qué provoca el cambio de un marco de interpretación a otro?, ¿cuáles son las causas de este cambio? A continuación mencionaremos en primer lugar las causas internas dentro del aparato o cuerpo conceptual aceptado que provocan el cambio de un marco de interpretación a otro y, en segundo lugar, señalaremos las causas externas.




Causas internas que modifican el aparato conceptual o marco de interpretación.

Cuando un cuerpo de conocimientos disponibles, basados en nociones conceptuales ya establecidas y aceptadas por la comunidad científica, es insuficiente para explicar satisfactoriamente algún aspecto de la realidad conforme a la perspectiva u objeto de estudio que se investiga, en ese preciso momento histórico-social los instrumentos cognoscitivos (aparato conceptual) a disposición del sujeto no le ayudan a tener una relación óptima (en términos de conocimiento) con el objeto y exigen el cambio de marco de interpretación, aunque hay que decir que ese cambio rara vez se produce de manera total. Los cambios importantes en los marcos de interpretación son conocidos como revoluciones científicas, concepto que ha estudiado con gran acierto Thomas S. Kuhn.[1]

Lo común es que el marco de interpretación que ya no es suficiente para explicar las causas de los fenómenos sufra algunas modificaciones o cambios, que le permitan mejorar la comprensión del fenómeno.

Si la visión a partir de la cual se investiga al objeto da lugar a nuevas preguntas que permitan formular los problemas de manera distinta, se modificará la perspectiva desde la cual se conduce la investigación. También la adquisición de nuevos instrumentos –tales como nuevos observatorios espaciales, o nuevas técnicas de investigación científicas- permite abordar problemas hasta entonces inaccesibles al sujeto, lo cual enriquece su marco de interpretación al incorporar nuevos elementos.

Estos dos son casos en los que, por exigencias del propio sistema cognoscitivo como conjunto de conocimientos que se percata de que necesita saber más para explicar más, surge la necesidad de construir un nuevo “marco epistémico o marco de interpretación”. Veamos ahora cómo las condiciones histórico-sociales en las que se construye una concepción, provocan el cambio de un marco de interpretación a otro.

Causas externas que modifican el aparato conceptual o marco de interpretación.

En la medida en que el rumbo de alguna investigación está dirigido por los estímulos o presiones sociales que demandan solución a problemas de carácter práctico –como guerras, necesidad de alimentación, de salud, etcétera- en esa misma se brinda apoyo (económico, político o social) concentrando esfuerzos y recursos (humanos, materiales) al estudio de cierto tipo de fenómenos.

Dicho de otro modo, el rumbo de una investigación está dirigido por las “necesidades e intereses socialmente impuestos” (necesidades aceptadas y reconocidas por la comunidad, que son conocidas como paradigma social).

En consecuencia el qué, el cómo y el para qué se conocen, obedecen a las necesidades e intereses prioritarios para una sociedad en un momento histórico socialmente determinado. Una hambruna, una epidemia, inundaciones, motines masivos, rebeliones. Necesidades e intereses ligados a una ideología y correspondientes a una clase social, que forman la personalidad del sujeto (en particular sus estructuras y disposiciones), originándose diferentes “puntos de vista” en el conocimiento.

[1] Cf. Kuhn, Thomas S. La estructura de las revoluciones científicas, Fondo de Cultura Económica, México, 1986.

Función de las Creencias en la Construcción del Conocimiento

Tal vez el estudio de este tema tendría que ubicarse al inicio de este texto, puesto que consideramos que las creencias son la base de todo conocimiento, son el punto de arranque de nuestras opiniones sobre los objetos o fenómenos que tienen relación inmediata con nosotros. Bueno, ubicamos este tema hasta este momento por respeto al programa de estudios para esta asignatura. Ver hasta este momento este tema tal vez nos permita recapitular algunos puntos que ya hemos visto anteriormente.

Luis Villoro, en Creer, saber, conocer, ofrece la siguiente definición de creencia: “Un estado disposicional adquirido, que causa un conjunto coherente de respuestas y que está determinado por un objeto o situación objetiva aprehendidos”.[1]

La definición anterior quiere decir que cualquier creencia por principio es una idea adquirida que nos ofrece algún tipo de respuesta coherente respecto a un objeto o situación objetiva, y yo añadiría que incluso a alguna situación subjetiva, pues a veces creemos que somos de alguna manera y luego resulta que ni nosotros nos conocíamos algún tipo de respuestas, físicas o emocionales, que damos en momentos determinados.

“Creer no implica necesariamente actuar como se cree. El paso de la disposición a la acción requiere de factores suplementarios: adopción de un fin (intención y emociones). Por eso sólo podría inferirse la creencia a partir de las acciones efectivas de un sujeto”, señala Villoro en el texto citado.

Para saber qué cree alguien, de acuerdo con lo anterior, sólo hace falta examinar sus acciones efectivas. Esto se parece mucho a lo que Jesús decía en el evangelio: que “por sus frutos los conoceréis”. “Si el saber es una especie de creencia, podrá verse como un estado disposicional adquirido que orienta la práctica del sujeto ante el mundo… Así el saber es una disposición a actuar que se orienta por la firme garantía de que las acciones del sujeto están determinadas por la realidad; implica, por lo tanto, la seguridad de que su práctica será acertada”. (Op. Cit. Página 73)

Así, la relación sujeto-objeto-sociedad implica de manera elemental algunas formas de conocimiento particulares, las cuales son resultado de las acciones entre los sujetos y su relación con el mundo. Estas formas de conocimiento particular son las llamadas creencias, las cuales implican un tipo de conocimiento cuando corresponden a los objetos o son aceptadas por la sociedad en un contexto histórico-social determinado.

[1] Villoro, Luis, Creer, saber, conocer, Siglo XXI Editores, México 1999, página 71.

La Naturaleza de las Creencias

La o las creencias sólo son posibles, sean disposiciones que producen respuestas objetivas o disposiciones hacia respuestas subjetivas, si existen los siguientes elementos necesarios (elementos también necesarios para todo tipo de conocimiento) para que se produzcan tales respuestas:

a) El lenguaje, es el instrumento que permite a los sujetos reconstruir la acción realizada en el pasado, relatar el presente y proyectar el futuro; por este instrumento el relato de sus acciones se expresa en proposiciones tales como “creemos que el bien lleva al éxito”, expresando con claridad y coherencia sus creencias. Sin lenguaje no podrían existir ni creencias ni ningún tipo de conocimiento.

b) La intuición (la facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento) condiciona y permite la interiorización de percepciones en forma de imagen, que son fundamentales para la relación con los fenómenos naturales y sociales. Es por intuición que la creencia se vincula con hechos concretos, relaciona al sujeto con el mundo de modo práctico, por ejemplo, cuando se afirma: “Creo que el tren llegará tarde”. Se puede afirmar lo anterior porque, sin necesidad de razonamientos, es fácil percibir que tal hecho se producirá, dadas las circunstancias.

c) La socialización. Por medio de ella los sujetos entran en relación unos con otros y se presenta una interacción que tiene como resultado que los sujetos adquieran un sistema de creencias tales como valores e ideales, mediante los cuales la acción entre ellos queda determinada por objetivos o fines concretos.

La socialización permite la adquisición de un conjunto de reglas que se constituyen como guía para la acción. Al afirmar: “Creo que todos los hombres tienen los mismos derechos”, la proposición se constituye, dentro de un sistema de creencias, guía para la acción en relación con el trato y respeto para con otros.

d) La reflexión. En cada sujeto se da una deliberación interna que contrasta las conductas y las acciones exteriores, poniendo en “tela de juicio” las creencias y las acciones e implicando que las propias creencias se refuercen, modifiquen o cambien; así por ejemplo, “creo que en México vivimos una pseudodemocracia, que en realidad es una oligarquía”, por la reflexión, esta creencia puede ser cambiada, modificada o reforzada y por ello las conductas y acciones del sujeto.

En este sentido, dichas creencias se modificarán de acuerdo a la manera en que percibamos que se justifican. Si hay buenas razones para justificar esas creencias, entonces sí se modifican.

e) Las operaciones racionales. Al establecer la relación entre dos acciones que posibilitan una tercera, el sujeto genera nuevas creencias con la finalidad de enriquecer su sistema de creencias, que es la condición para tener una concepción del mundo (dicho sistema de creencias estará formado por el conjunto completo de sus marcos de interpretación).

Las condiciones de posibilidad, lenguaje, socialización, reflexión y operaciones racionales no son las únicas, pero sí las necesarias para originar las creencias en los sujetos.

La naturaleza de las creencias depende de los factores internos: lenguaje, intuición reflexión y operaciones racionales, y los externos: socialización y estructura social, con la finalidad de formar un sistema de “verdades concretas” que le permiten al sujeto organizar, dirigir y realizar sus acciones en el mundo.

Los Tipos de Justificación de las Creencias


De acuerdo con lo visto anteriormente, nos damos cuenta de que hay al menos tres formas en que se justifican las creencias:

1 Por voluntad o motivos (personales). Cada sujeto justifica sus creencias por su propia voluntad, por la capacidad del sujeto de querer o desear.

Esta creencia se justifica por la voluntad individual, la cual está constituida por los propósitos que tiene el sujeto, de modo consciente, para satisfacer sus necesidades o estados de bienestar.

Todo motivo está dirigido hacia un fin u objetivo y por tanto implica “motivos prácticos” por los cuales el sujeto realiza una acción específica.

Justificar las creencias por motivos puede implicar que el sujeto no está convencido, y sin embargo; acepta la creencia y la disposición para la acción, porque así lo desea, su voluntad decide qué querer.

Cuando decimos, por ejemplo, que alguien tiene el deseo o la voluntad de ser mejor persona, y de que ser mejor persona significa ayudar a los necesitados, el motivo que lo impulsará a la acción será la creencia de que ayudar a los necesitados lo hace mejor persona.


2 Por razones. A veces se considerará necesaria una justificación más completa de las creencias, y entonces se debe recurrir a la razón, es decir, a la reflexión coherente para dar fundamentos que convenzan al sujeto de que sus creencias son correctas y por ello las considere verdaderas.

El proceso de justificación de una creencia a partir del razonamiento consiste en buscar una estructura lógica, lo que le permite al sujeto sostener las creencias como verdaderas para que le guíen en su relación con el mundo y con disposición para la acción en relación con los hechos concretos. Para realizar la justificación de una creencia por la razón, el sujeto tiene que considerar los siguientes aspectos:

Asumir una actitud de deliberación que permita considerar que sus creencias son concluyentes. Deliberar para fundamentar la creencia.
La deliberación debe implicar coherencia entre la creencia a justificar y la del resto de creencias que tiene el sujeto.
Veamos un ejemplo de lo anterior tal y como lo expone Luis Villoro en su libro antes citado:

1. S quiere (desea) que la creencia C esté justificada
2. S cree que determinado proceso de deliberación D conduce a la justificación de C
3. S procura que se dé D
4. D conduce a una justificación de C suficiente para S
5. S cree C

Supongamos, por ejemplo, que S es Susana, quien desea que la creencia de ser mejor persona (C) esté justificada, por lo que Susana cree que el proceso de deliberación sobre cómo ser mejor persona da como resultado la propuesta de auxilio a personas necesitadas (D), auxilio que justifica creer que uno es mejor persona (C). Entonces Susana procura que efectivamente se produzca el auxilio a los necesitados (D), pues esto conduce a la justificación de su creencia de ser mejor persona (C), por lo que Susana cree en efecto ser mejor persona (que sí misma, no en comparación con alguien en particular).

El sujeto considera los límites del proceso de justificación y al efecto parte de dos alternativas: a) cuando sus creencias son posiblemente verdaderas y b) cuando son verdaderas. Cuando su creencia es posiblemente verdadera o bien, verdadera.

Imaginemos otro ejemplo, para lo cual expondremos el caso del famoso médico griego Hipócrates ante un hipotético intento de justificar una creencia por voluntad o motivos personales:

“La epilepsia no es una enfermedad sagrada”.

Hipócrates cree que el siguiente proceso deliberativo (conjunto de razones relacionadas lógicamente) justifica que “La epilepsia no es una enfermedad sagrada”, y viene el proceso deliberativo:

1. La epilepsia tiene una causa natural
2. Los brujos y los purificadores creen poseer piedad y conocimientos superiores y atribuyen a los dioses la enfermedad.
3. Usan la divinidad como pretexto y pantalla para su propia incapacidad.

Hipócrates procuró que se diera el proceso anterior y obtuvo la conclusión: “La epilepsia no es una enfermedad sagrada”.

La deliberación justifica la creencia suficientemente para Hipócrates. Entonces... Hipócrates cree que la epilepsia no es una enfermedad sagrada”.
3 Por legitimación social.

Hasta ahora señalamos dos procesos para justificar una creencia, por la voluntad y por razones; éstas corresponden de modo específico al propio sujeto, pero no se excluye que existan procesos de justificación exteriores al sujeto, en donde las creencias se justifican por un contexto social o sistemas de poder como aquéllos que se originan en el dogmatismo, sistemas religiosos o sistemas económico-políticos.

El sujeto, en tanto ser social, y por las creencias dadas dentro de una estructura de poder, realiza sus acciones supeditadas al interés propuesto por el sistema de creencias, en el que el principio de autoridad y el poder son incuestionables y son los únicos que legitiman y justifican las creencias en un sistema social.

Por lo tanto, las creencias se pueden dar y justificar de tres modos:

- Por la voluntad o motivos (personales).
- Por la razón.
- Por la legitimación de un orden social o poder dominante.

LOs Tres Tipos de Conocimiento


Como has podido ver hasta ahora a lo largo de este curso de Métodos de Investigación, nuestro tema central de reflexión ha girado en torno al conocimiento. Hay diferentes niveles de certeza en cada tipo de conocimiento, dependiendo del objeto o fenómeno del que se trate. Tú mismo habrás podido comprobar que tus conocimientos tienen diferentes niveles de certeza, pero que siempre puedes aumentar tus conocimientos en la medida en que conoces mejor y más preciso aquello que es de tu interés estudiantil.

Uno de los principales problemas a los que un estudiante como tú se enfrenta al emprender estudios sobre un tema teórico reflexivo, como lo es el tema del conocimiento y tal y como lo abordamos en este curso, es el del manejo correcto del lenguaje. Esto significa que para aprender nuevas cosas tenemos primero que manejar términos conceptuales, los cuales no estamos acostumbrados a utilizar de manera cotidiana.

La mejor manera de aprender nuevos conceptos teóricos consiste en consultar sus significados (pues un concepto a veces cambia de significado dependiendo del contexto en el que se le ubique, contexto que estará dado por el tipo de marco de interpretación que utilicemos), consultarlos en el básico y típico tumbaburros, en un buen diccionario, ya sea impreso o en línea.

A lo largo de este curso, te habrás dado cuenta, se te ha sugerido hacer consultas a diferentes páginas Web con el fin de que busques información pertinente –que a veces puede ser desde saber el significado de una palabra o concepto, hasta averiguar de manera general nociones sobre teorías o explicaciones generales a algún tema- con el fin de estimular tu curiosidad, pero también con la más concreta intención de habituarte a hacer consultas e investigación a través de esta maravillosa herramienta que es Internet.

Ahora examinaremos con mayor precisión las características propias de cada tipo de conocimiento, dependiendo de su grado de certeza.

Cuando logramos sacar adelante las necesidades impuestas por la vida cotidiana, y la vida ya no es un mero sobrevivir, se forma un conjunto de actividades de índole cultural que ya no nos resultan tan necesarias, como ir al cine, ver televisión, creerlo todo o no someterlo a crítica, etcétera, y que implican ciertos grados de conocimiento. También esas creencias son, con frecuencia, superficiales y erróneas. A pesar de todo, creemos tener la razón cuando emitimos opiniones sobre ellas. Recordarás un programa de televisión llamado “¿Y usted, qué opina?” en el que se discutían problemas sociales o familiares y en el que no se llegaba a nada. ¿La razón de eso? Simplemente que se movían en el ámbito de las simples creencias, las cuales en el peor de los casos estaban basadas en prejuicios que no contribuyen al conocimiento de los fenómenos causantes de los problemas que se discutían en el programa.

Si comparamos nuestras ideas sobre el mundo cotidiano que nos rodea con las de los libros de ciencias, es bastante probable que nos demos cuenta que nuestras experiencias y creencias son limitadas para explicar el mundo. Los ojos se nos deben empezar a abrir, si lo anterior nos produce curiosidad por saber más.

Las metas que debes tener como estudiante no se pueden reducir al simple conocimiento común (válido, como hemos visto, en determinadas situaciones), lo ideal es penetrar en el tipo de conocimientos más riguroso, más crítico, más objetivo y más reflexivo; entonces surge la cuestión:

¿Cómo pasar del conocimiento cotidiano al científico y finalmente al filosófico?, ¿Qué los distingue y qué los caracteriza? Veamos entonces sus características y sus diferencias